Cuando la diferencia se vuelve violencia
Decimos que queremos vivir en un mundo diverso, pero la verdad es que muchas veces lo diferente molesta, incomoda, asusta. Y cuando no sabemos qué hacer con esa incomodidad, aparece la violencia.
Violencia no es solo un golpe o un grito. También es la burla, la exclusión, la crítica constante, la indiferencia. Es querer que el otro piense como yo, que reaccione como yo, que viva como yo. Es borrar al otro para que encaje en mi manera de ver el mundo.
La cultura actual, con su mandato de igualdad, termina siendo muy violenta. Porque cuando todos tenemos que sentir lo mismo, pensar lo mismo y reaccionar igual, ¿qué pasa con quien no puede, o no quiere, hacerlo? Se lo etiqueta, se lo señala, se lo expulsa.
Esa violencia cotidiana —que a veces parece invisible— nace del miedo a la diferencia. Como si lo distinto pusiera en riesgo mi propia identidad. Pero en realidad, lo que la diferencia hace es mostrarme que no soy el centro, que el otro existe, que el mundo no se acomoda a mis medidas.
Aceptar la diferencia no significa estar de acuerdo, ni compartirlo todo. Significa no usar la violencia —explícita o sutil— para callar lo que me resulta incómodo.
La verdadera paz no está en que todos seamos iguales. Está en que podamos convivir siendo distintos, sin necesidad de borrarnos.
Lic. Constanza Depetris
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