Kafka aforismo I

El animal le arrebata el látigo al amo y se azota a sí mismo para ser amo, sin saber que eso no es más que una fantasía que se genera cuando en la correa del látigo del amo se ha formado un nuevo nudo" de Franz Kafka. 
Ese fragmento de Kafka abre un universo simbólico muy potente: el del sometimiento y la ilusión de libertad.

El animal que toma el látigo para azotarse a sí mismo cree que al hacerlo adquiere el lugar del amo. Es decir, confunde el gesto de apropiarse del instrumento de poder con el poder mismo. Pero lo que en realidad ocurre es una trampa: sigue existiendo la lógica de la dominación, sólo que ahora internalizada. El amo externo ya no es necesario, porque el sujeto ha aprendido a azotarse solo.

Esto puede pensarse como metáfora de lo social y lo psíquico. Muchas veces, las estructuras de poder —la ley, la moral, las instituciones, los mandatos familiares— dejan de necesitar una vigilancia constante porque se han incrustado en la subjetividad. Uno mismo se convierte en guardián de su propia cárcel. Kafka, con su ironía trágica, muestra que en ese movimiento lo único que se logra es reforzar el lazo, ese “nuevo nudo” en la correa del amo.

Lo inquietante es que hay un goce en ese azotarse. El animal no sólo obedece, sino que fantasea con ser amo, con dominarse, con ejercer una soberanía ilusoria sobre su propia esclavitud. Así funciona gran parte de la vida humana: creemos que controlamos cuando en realidad repetimos compulsivamente las marcas de un poder que nos precede.

La enseñanza que deja este pasaje es amarga, pero también lúcida: la verdadera libertad no se obtiene tomando el látigo para usarlo sobre uno mismo, sino rompiendo la correa que lo sostiene. Mientras el látigo exista, el nudo siempre se volverá a formar.
Lic. Constanza Depetris 

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