Tolerar no es lo mismo que aceptar



En estos tiempos se habla mucho de tolerancia. Pero la palabra “tolerar” guarda cierta trampa: tolero al otro como quien soporta un dolor de muela, como quien aguanta algo que le molesta. Tolerar, en ese sentido, no es abrirse al otro, es apenas resistirlo.

Por eso, muchas veces, la supuesta “tolerancia” se vuelve violencia disfrazada. Porque cuando solo tolero, en el fondo estoy esperando que el otro cambie, que se acomode, que deje de incomodarme. Y si no lo hace, la intolerancia estalla: en un comentario hiriente, en una burla, en un silencio que margina.

La diferencia se vuelve insoportable cuando solo la “tolero”. Porque la verdadera aceptación no está en soportar al otro, sino en darle lugar como es, aunque no piense, no sienta ni viva como yo.

La violencia nace de esa incapacidad: de no poder hacerle espacio a lo distinto. Y la cultura actual, con su mandato de igualdad, muchas veces disfraza esa violencia bajo un discurso inclusivo. Se celebra la diversidad, pero siempre que no desborde, que no cuestione, que no rompa lo cómodo.

Tal vez el desafío no sea “tolerar” la diferencia, sino aprender a convivir con ella sin querer borrarla.
Porque el otro no está para ser tolerado: está para ser reconocido en su singularidad.
Lic. Constanza Depetris 

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