El yo tirano en la época del goce obligatorio



En esta época, el yo se ha inflado. Pero no es el yo cartesiano, ni siquiera el yo imaginario como lo presentaba Lacan en los primeros tiempos. Es un yo devenido tirano. Un tirano disfrazado de libertad, de autenticidad, de “ser uno mismo”, cuando en verdad está colonizado por los imperativos del discurso capitalista.

Lacan lo advirtió de manera anticipatoria en El discurso capitalista: un discurso sin lugar para el imposible, donde la relación entre saber y verdad se desengancha, dejando al sujeto a merced de un circuito de goce sin tope. Allí, el yo se presenta como empresario de sí mismo, gerente de su marca personal, curador de sus experiencias, acumulador de goces. No hay falta, no hay pérdida, solo hay “ofertas”.

Este yo, saturado de imágenes, cree que el sentido le pertenece, que puede producirse a voluntad. Como en El Palmavero, cuando Lacan describe cómo el sujeto se identifica con una imagen de plenitud que lo aliena, que lo esclaviza. Pero hoy ya no hace falta el Otro que nos imponga ese ideal: el yo tirano se lo impone a sí mismo, constantemente, en el espejo de las redes, en el mandato de la productividad, en el goce medido en likes.

En La visión por los goces, Lacan sugiere que hoy se goza de ver, de mostrarse gozar, de mostrar lo que se tiene, lo que se es, lo que se “ha logrado”. Y ese espectáculo permanente se vuelve tiránico: ya no hay lugar para el fracaso, para el dolor, para la queja. Quien no goza, quien no logra, es excluido. La angustia no tiene cabida, salvo que sea bien editada.

Este yo tirano no tolera la falta, no soporta el deseo. Quiere todo, ya, sin mediaciones, sin el Otro. Pero al eliminar al Otro, elimina también la posibilidad del amor, del lazo, del sentido. Se devora a sí mismo en un circuito sin retorno, porque gozar más no es sinónimo de vivir mejor.

¿Y si la verdadera libertad no fuera obedecer al yo, sino desobedecerlo? ¿Y si soltar ese tirano interno abriera un espacio para el deseo, para el no saber, para el encuentro con un Otro no previsto?
¿Podremos, en medio de esta época que glorifica la autoexplotación disfrazada de empoderamiento, volver a alojar la falta, a hacerle lugar al deseo, a lo que no se produce pero nos sostiene?
Lic. Constanza Depetris 

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