La falta

La falta es el punto de partida. No como un defecto, ni como algo que nos quita, sino como aquello que nos constituye. Siempre hay algo que falta, siempre algo que no alcanza. Y, aunque duela, es precisamente eso lo que nos mueve, lo que hace que deseemos, que busquemos, que inventemos.

El velo aparece entonces como un recurso. Vela y revela al mismo tiempo: cubre lo insoportable, pero deja entrever lo que no puede nombrarse. Gracias a ese velo podemos sostener la vida, mirar de frente sin quedar cegados por lo imposible. El velo no borra la falta, pero nos da una forma de habitarla.

Y en medio de esto, surge el tiempo lógico. Ese tiempo que no depende del reloj ni de los calendarios, sino de los movimientos del sujeto. Primero, un instante de ver: reconocer algo, vislumbrar un sentido. Luego, un tiempo para comprender: elaborar, dar vueltas, interrogarse. Y, finalmente, un momento de concluir: decidir, aún sin garantías.

La falta nos constituye, el velo nos resguarda, y el tiempo lógico nos impulsa. Entre los tres se teje la experiencia de ser sujetos: nunca completos, siempre en movimiento, siempre en deseo.
Lic. Constanza Depetris 

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