La patologización de la existencia(Texto para reflexión psicológica o psicoanalítica)
Vivimos en tiempos donde todo debe tener una etiqueta, una causa inmediata, un nombre clínico que “explique” lo que sentimos. La tristeza se convierte en depresión, el miedo en trastorno de ansiedad, la timidez en fobia social, la euforia en bipolaridad. Y con ello, lo que alguna vez fue parte del drama inevitable de estar vivos, se convierte en algo a erradicar, a medicar, a controlar.
Así, se patologiza la existencia.
Pero la existencia —en su crudeza, en su intensidad, en su ambivalencia— no es una enfermedad. Sentir miedo, tristeza, vacío, desesperanza o rabia no nos vuelve enfermos. Nos vuelve humanos. La cultura del rendimiento, del éxito permanente, de la positividad forzada, no tolera los momentos de caída, ni los síntomas como mensajes del alma o del cuerpo. Entonces medicaliza, rotula, encierra en diagnósticos.
Claro que existen sufrimientos que requieren atención clínica y acompañamiento profesional. Pero hay otro dolor —más cotidiano, más existencial— que pide ser escuchado sin ser diagnosticado. Que reclama un espacio de elaboración simbólica, no una pastilla ni una etiqueta.
La patologización de la existencia niega el malestar como un hecho estructural del ser hablante. Se olvida que el síntoma también puede ser un intento de decir, un modo de anudarse al mundo, una forma de hacer con eso que no encaja.
Hay momentos en los que no estamos bien. Y está bien no estar bien. No todo necesita un nombre en el DSM. A veces solo necesita tiempo, un otro que escuche, un espacio que habilite la pregunta y no clausure con una respuesta tranquilizadora.
La vida no es un diagnóstico. Es un enigma. Y como tal, merece ser habitada con dignidad, no con estigmas.
Lic. Constanza Depetris
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