La trampa de los pares dicotómicos
Vivimos midiendo, comparando, ubicándonos en escalas invisibles. Estamos tan acostumbrados a pensar en pares opuestos que se nos olvida que hay más caminos que la elección entre blanco o negro. Nos enseñaron a entender el mundo como una serie de dicotomías: fuerte o débil, sano o enfermo, normal o raro, feliz o triste. Y así, casi sin notarlo, se impone una lógica cruel: la lógica de lo igual como medida de valor. Si el otro no es como yo, está en falta. Si yo no soy como el otro, me siento menos. Siempre uno queda mal parado.
Pero hay otra forma de mirar. Una lógica que no jerarquiza, que no mide, que no compara: la lógica de la diferencia. Esa que no necesita eliminar al otro ni reducirlo a lo que yo entiendo. Esa que respeta. Que acompaña sin invadir. Que se sienta al lado, no por encima ni por debajo.
Por eso quiero ir abriendo uno por uno estos pares dicotómicos. No para resolverlos, sino para desarmarlos. Para mostrar lo que esconden. Para habilitar el pensamiento y el respeto por lo que no se puede clasificar.
Lic. Constanza Depetris
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