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Mostrando entradas de diciembre, 2025

El amor como vínculo: entre el deseo y el límite

El amor no ocurre en el individuo, ocurre en el entre. No existe en uno solo, ni siquiera en simultáneo: el amor se va tramando en el campo vincular. Y eso lo vuelve impredecible, complejo y profundamente humano. Amar no es encontrar un alma gemela, es animarse a habitar el espacio que se abre entre dos historias distintas, con sus marcas, sus ritmos, sus fantasmas, sus modos de querer. Ahí donde muchos buscan armonía, el amor propone tensión. Porque un vínculo real no es simétrico ni parejo, es movimiento constante, es negociación, es desborde. En el amor, lo vincular nos enfrenta al límite: el del otro, pero sobre todo, el propio. Qué puedo dar sin anularme. Qué puedo recibir sin exigirte que seas igual a mí. Cómo deseo sin poseer. Cómo me acerco sin invadir. Porque amar no es colonizar. Es aprender a leer al otro sin traducirlo todo el tiempo a mi lengua. Es dejar de suponer que si me ama, hará lo que yo haría. Lo vincular pone a prueba nuestras formas de estar con otros: nuestros m...

"Aunque duela, todavía hay algo que quiere"

Hay días en que nada encaja. En que los vínculos se tensan, el cuerpo no responde, las palabras no alcanzan. Días en que parece que todo lo que uno intenta se deshace antes de llegar. Pero incluso ahí —justo ahí— puede haber un gesto. No hacia la felicidad impostada, sino hacia el deseo que aún persiste, aunque apenas se note. Porque no todo está perdido cuando algo todavía arde, aunque sea apenas una brasa. No se trata de exigirse más. Ni de tapar el síntoma con frases motivadoras. Se trata de escuchar. Lo que duele, lo que no cierra, lo que vuelve. Se trata de no huir del vacío, sino de habitarlo. De hacer con eso, lo propio. Quizás no sea posible cambiarlo todo. Pero sí es posible no traicionarse. Decir lo que uno no dijo. Hacer lugar a lo que insiste. Dar un paso, aunque tiemble. Aunque no se sepa hacia dónde. Aunque no haya garantía. A veces, la fuerza no es moverse rápido. Es sostenerse en lo que uno eligió, aun cuando tambalee. Es darle lugar al deseo en medio del ruido, del mie...

El otro es otro

Hay algo que no se dice mucho, pero pasa todo el tiempo: ese intento de cambiar al otro, de moldearlo, de que encaje en lo que vos esperás. Y no parece tan grave al principio. Solo querés que sea “más claro”, “más atento”, “menos frío”, “más como vos”. Querés que reaccione distinto, que entienda sin que tengas que explicar, que te cuide justo como vos lo necesitás. Pero ahí hay algo peligroso. Porque en ese querer cambiarlo, lo vas borrando. Lo vas tachando, como si su forma de ser no alcanzara. Como si vos supieras mejor quién tiene que ser. Y eso, aunque no se grite ni se golpee, también es una forma de violencia. Una que duele en silencio. Una que deja al otro sintiéndose equivocado por ser como es. Lo más duro es que muchas veces ni te das cuenta. Creés que estás pidiendo algo justo, algo mínimo. Pero en el fondo, estás esperando que sea alguien distinto. Alguien inventado por vos. Hecho a medida de lo que necesitás, de lo que te faltó, de lo que te duele. ¿Y si en vez de mirar tan...

El peligro de enamorarte de una idea

El peligro de enamorarte de una idea" Muchas veces no te enamorás de la persona que tenés adelante, sino de la idea que construiste sobre ella. De un personaje que inventaste en tu cabeza. Le ponés palabras que nunca dijo, gestos que nunca tuvo, promesas que jamás hizo. Y cuando la realidad no encaja con tu guion, llega la frustración. La bronca. El “¿por qué no puede ser como yo necesito?”. Pero la verdad es que no puede. Porque no es eso que vos imaginaste. Es alguien con sus propias marcas, sus tiempos, sus modos. El problema aparece cuando, en vez de aceptarlo, intentás cambiarlo. Lo corregís. Lo moldeás. Lo apretás contra tu ideal. Y ahí, sin darte cuenta, empezás a borrarlo. Eso también es violencia: quitarle al otro el derecho de ser quien es. Forzarlo a representar un papel que nunca eligió. La pregunta es: ¿qué hacés con esa distancia entre lo que soñaste y lo que hay? ¿Lo seguís castigando por no cumplir tu fantasía? ¿O te animás a mirar de frente lo que te pasa a vos co...