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Donde queda el AMOR?

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Donde parece que todo se rompe, donde los lazos duelen más que lo que sostienen, donde el amor se confunde con consumo, donde la soledad es ruido y no silencio fértil… ¿Dónde queda el amor? Queda en los gestos pequeños que aún resisten. En una escucha sin prisa. En un mensaje sincero. En el cuerpo que no huye. En la palabra que no exige nada a cambio. En el abrazo que no se posterga. El amor queda en el margen, como siempre. Porque nunca fue del todo parte del sistema. No se puede producir en serie, no se puede medir, ni garantizar. Y por eso, estorba al mundo de la eficiencia. El amor verdadero no es inmediato ni rentable. No es un mandato, ni una performance. No es filtro, ni algoritmo. Es apuesta. Es demora. Es presencia. En épocas de rupturas, el amor se vuelve más sutil y más valiente. Se esconde donde nadie mira: en quien acompaña sin invadir, en quien no huye del dolor del otro, en quien se deja afectar. No es que el amor haya desaparecido. Es que ahora hay que apren...

¿Por qué no podemos decir: “no tengo ganas”?

A veces estamos cansados. Tristes. Vacíos. Y en vez de decirlo, inventamos excusas. "Me surgió algo", "tengo que ayudar a alguien", "no me sentía bien". Pero lo que realmente pasa… es que no tenemos ganas. Y eso debería alcanzar. Nos enseñaron que el deseo necesita explicación. Que si no queremos estar, debemos justificarlo. Que descansar, decir que no, elegirnos… es egoísmo. Y entonces actuamos. Mostramos una versión editada de nosotros. Para agradar. Para no quedar mal. Para que no se note que también necesitamos frenar. Pero aparece la pregunta que incomoda: ¿Me quieren por lo que soy o por lo que muestro ser? Si decir no puedo hoy aleja a alguien, quizás ese alguien no está preparado para el amor real. Lic. Constanza Depetris 

Tecnología, infancia y el lazo perdido: una mirada amorosa sobre los límites

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Estamos atravesando una época que nos desafía como nunca antes. Como adultos, como padres, como seres humanos. Porque todo avanza tan rápido, que muchas veces no nos queda tiempo ni para preguntarnos hacia dónde vamos. Y cuando se trata de la infancia, ese olvido de la pregunta puede ser peligroso. La tecnología —y hoy especialmente la inteligencia artificial— ha llegado para quedarse. No se trata de rechazarla ni de idealizar un pasado sin pantallas. Pero tampoco de entregarle a nuestros hijos, sin mediar palabra, una herramienta que puede volverse una trampa. Y es que cuando hablamos de infancia, no hablamos solo de entretenimiento o de consumo: hablamos de cómo se constituye un sujeto. De cómo se arma una subjetividad. Y eso no se fabrica, no se programa, no se descarga. Se construye en el encuentro con el otro. La niñez es el tiempo de lo abierto, de lo inacabado, del juego, de la espera, de la pregunta. Pero las máquinas no preguntan. Responden. Rápido. Sin pausa, sin ...

¿De verdad estamos todas deprimidas?

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“Estoy re deprimida”, “Ayer me agarró una depresión”, “Tengo depresión, pero igual voy a trabajar”. La palabra “depresión” pasó a formar parte del lenguaje diario. Pero cuando algo se dice todo el tiempo, corre el riesgo de vaciarse de sentido. No todas las formas de malestar son depresión. No todo desgano es una enfermedad. Pero tampoco todo se resuelve con una frase motivacional. ¿Por qué decimos que estamos deprimidas? Porque estamos agotadas. Porque no damos más. Porque muchas veces vivimos a un ritmo que no nos da tiempo para pensar ni sentir. Y cuando algo se rompe por dentro —cuando no encontramos sentido, cuando nos hartamos, cuando no podemos más—, aparece ese diagnóstico rápido: “depresión”. Pero ese malestar tiene historia. No nace de un día para el otro. No es solo químico ni solo emocional. Tiene que ver con la presión de tener que poder todo el tiempo. Tiene que ver con no poder fallar. Con tener que estar disponibles, activas, lindas, fuertes, funcionales. El...

Miradas

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¿Alguna vez sentiste que te estaban mirando distinto? No con ojos, sino con juicio. Como si cada cosa que hacés tuviera que justificarse. Como si no alcanzara con vivir lo que te tocó. A veces no hace falta que digan nada. Se siente igual. Una mirada. Un gesto. Un silencio. Y ahí estás vos, explicándote, pidiendo perdón sin saber bien por qué. Te empezás a esconder. Primero un poco. Después más. Después casi todo. Y un día te das cuenta de que te estás desdibujando. Que ya no sabés qué mostrar. Ni cómo sostenerte sin el permiso del otro. El juicio ajeno no duele por lo que dicen. Duele porque te hace dudar de vos. De tu versión. De tu verdad. De tu historia. Y no lo merecés. Porque nadie tiene derecho a narrarte desde afuera. Tu vida no necesita defensa. Necesita lugar. Espacio. Y respeto. Si sentís que te estás ocultando, talves sea una estrategia que aprendiste para sobrevivir. Pero hoy quizás ya no te sirva. Porque estás volviendo a ser. A tu modo. A tu tiempo. Sin pedir...

VIOLENCIA QUE NO PARECE VIOLENCIA

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Cuando se habla de violencia hacia los niños, muchos piensan en golpes, gritos o abandono. Pero hay otras formas, más sutiles, más socialmente aceptadas, que también hieren. Y que muchas veces se repiten generación tras generación sin cuestionamiento. Se hiere a un niño cuando se lo expone. Cuando se lo ridiculiza delante de otros. Cuando se le exige que entienda cosas de adultos. Cuando se lo hace responsable del estado emocional de sus padres. Se violenta a un niño cuando se lo calla todo el tiempo. Cuando no se le explica lo que pasa. Cuando se decide por él como si no sintiera. Cuando se lo nombra con etiquetas: "caprichoso", "dramática", "desobediente". Se lastima a un niño cuando no se lo ve como un sujeto, sino como un objeto a moldear. Cuando se lo compara. Cuando se le impide equivocarse. Cuando se le niega el derecho a decir que no. Y también hay violencia en lo que falta: La ausencia, el desinterés, la frialdad. La distancia afectiva...

Mujeres

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No todas se nombran igual, pero muchas cargan silencios parecidos. Hay mujeres que se doblan pero no se quiebran. Que aprendieron a callar para no incomodar y después a gritar para no desaparecer. Mujeres que aman sin condiciones pero también aprenden a irse cuando algo se rompe. Mujeres que lloran en silencio en baños ajenos, que crían, que sanan, que sostienen. Mujeres que se descubren tarde, y otras que se arman con cada caída. Que heredan dolores, pero también memorias de fuerza y coraje. Hay mujeres que no tuvieron elección y otras que eligieron romper con todo. Las que paren, las que no pueden, las que deciden no hacerlo. Todas ellas, portadoras de un fuego antiguo. Somos hijas de mujeres que hicieron lo que pudieron con lo que les dejaron. Y somos también el intento de hacer lo distinto. De amarnos más, de juzgarnos menos, de caminar juntas aunque el camino duela. Las mujeres no somos sólo género. Somos historia, cuerpo, deseo, herida y cicatriz. Y también luz, danza...