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Mostrando entradas de octubre, 2025

Tolerar no es lo mismo que aceptar

En estos tiempos se habla mucho de tolerancia. Pero la palabra “tolerar” guarda cierta trampa: tolero al otro como quien soporta un dolor de muela, como quien aguanta algo que le molesta. Tolerar, en ese sentido, no es abrirse al otro, es apenas resistirlo. Por eso, muchas veces, la supuesta “tolerancia” se vuelve violencia disfrazada. Porque cuando solo tolero, en el fondo estoy esperando que el otro cambie, que se acomode, que deje de incomodarme. Y si no lo hace, la intolerancia estalla: en un comentario hiriente, en una burla, en un silencio que margina. La diferencia se vuelve insoportable cuando solo la “tolero”. Porque la verdadera aceptación no está en soportar al otro, sino en darle lugar como es, aunque no piense, no sienta ni viva como yo. La violencia nace de esa incapacidad: de no poder hacerle espacio a lo distinto. Y la cultura actual, con su mandato de igualdad, muchas veces disfraza esa violencia bajo un discurso inclusivo. Se celebra la diversidad, pero siempre que no...

Cuando la diferencia se vuelve violencia

Decimos que queremos vivir en un mundo diverso, pero la verdad es que muchas veces lo diferente molesta, incomoda, asusta. Y cuando no sabemos qué hacer con esa incomodidad, aparece la violencia. Violencia no es solo un golpe o un grito. También es la burla, la exclusión, la crítica constante, la indiferencia. Es querer que el otro piense como yo, que reaccione como yo, que viva como yo. Es borrar al otro para que encaje en mi manera de ver el mundo. La cultura actual, con su mandato de igualdad, termina siendo muy violenta. Porque cuando todos tenemos que sentir lo mismo, pensar lo mismo y reaccionar igual, ¿qué pasa con quien no puede, o no quiere, hacerlo? Se lo etiqueta, se lo señala, se lo expulsa. Esa violencia cotidiana —que a veces parece invisible— nace del miedo a la diferencia. Como si lo distinto pusiera en riesgo mi propia identidad. Pero en realidad, lo que la diferencia hace es mostrarme que no soy el centro, que el otro existe, que el mundo no se acomoda a mis medidas. ...

La clínica empieza con una pregunta

En algún punto del camino, muchos profesionales de la salud empezaron a olvidar la importancia del diagnóstico. No el nombre que se le pone a un cuadro. Sino el gesto clínico que lo antecede: la escucha activa, sin apuro. La pregunta que afina. La pausa que permite comprender. Hoy alguien llega y dice: —Siento angustia. Y muchas veces lo que recibe a cambio es una etiqueta, un ansiolítico, una derivación rápida. Pero… ¿Alguien le preguntó cuándo la siente? ¿En qué momento del día aparece? ¿Con qué se asocia? ¿Si es física o emocional? ¿Si la reconoce como algo nuevo o viejo? ¿Si sabe qué podría estar pidiéndole su cuerpo? La clínica se ha vuelto, en muchos espacios, un sistema de respuestas automáticas. Una máquina que traduce el síntoma en diagnóstico sin permitirle desplegarse. Pero sin diagnóstico real, no hay tratamiento adecuado. Y sin preguntas, no hay diagnóstico. La diferencia entre angustia y ansiedad no es un tecnicismo. Tiene consecuencias. Porque detrás de esas palabras, ha...

El costo invisible

Todos quieren el fuego, pero nadie la quemadura. La cima, pero sin lodo en los pies. La sanación, pero sin entrar a la herida. El amor, sin exponerse al temblor. Se habla de costos y se piensa en plata. Pero hay precios que no se pagan en billetes: se pagan con silencio, con espera, con noches sin respuestas. Se pagan con vértigo, con cuerpo cansado, con preguntas que no cierran. ¿Querés entenderte? Pagá con sinceridad brutal. ¿Querés salir del mismo círculo? Pagá con decisiones incómodas. ¿Querés cambiar? Pagá con duelo: dejar algo atrás, sin saber qué viene después. Lo invisible también factura. Y si no lo pagás a conciencia, el alma te lo cobra con intereses. Lic. Constanza Depetris 

A veces, la violencia no se ve. Pero se siente.

No siempre hay golpes. A veces hay miradas que lastiman más que una cachetada. Silencios que pesan como una amenaza. Palabras que se clavan en el cuerpo y que uno termina creyendo. Rutinas donde se camina con miedo, se habla con cuidado, se vive en puntas de pie. Hay mujeres que se acostumbraron a que las traten mal. Que ya no esperan un buen trato. Que hacen todo para no “provocar”, para que no se enoje, para que no explote. Y viven así, esquivando el conflicto como si caminaran en un campo minado. Pero el cuerpo no miente. Aparece la ansiedad, el insomnio, los dolores, el cansancio profundo, la confusión. Y la frase que vuelve siempre: “Ya no sé ni quién soy.” No estás loca. No estás exagerando. No te lo estás inventando. Cuando alguien te apaga la voz, el deseo, la libertad o la alegría… eso también es violencia. Y se puede salir. No siempre es fácil. Pero se puede. Pedir ayuda no es un signo de debilidad. Es una forma de cuidarte. De volver a vos. Y eso también es amor. Amor del bu...

Kafka aforismo I

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El animal le arrebata el látigo al amo y se azota a sí mismo para ser amo, sin saber que eso no es más que una fantasía que se genera cuando en la correa del látigo del amo se ha formado un nuevo nudo" de Franz Kafka.  Ese fragmento de Kafka abre un universo simbólico muy potente: el del sometimiento y la ilusión de libertad. El animal que toma el látigo para azotarse a sí mismo cree que al hacerlo adquiere el lugar del amo. Es decir, confunde el gesto de apropiarse del instrumento de poder con el poder mismo. Pero lo que en realidad ocurre es una trampa: sigue existiendo la lógica de la dominación, sólo que ahora internalizada. El amo externo ya no es necesario, porque el sujeto ha aprendido a azotarse solo. Esto puede pensarse como metáfora de lo social y lo psíquico. Muchas veces, las estructuras de poder —la ley, la moral, las instituciones, los mandatos familiares— dejan de necesitar una vigilancia constante porque se han incrustado en la subjetividad. Uno mismo s...

"El costo que nadie quiere pagar"

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Vivimos en una época donde todo se calcula en términos de costo-beneficio. Pero el problema no es que la gente haga cuentas, sino que crea que el único costo válido es el económico. Nadie quiere pagar con tiempo, con esfuerzo, con espera. Nadie quiere pagar con angustia, con duda, con cuerpo. Queremos resultados inmediatos, garantías, apps que resuelvan, diagnósticos rápidos, vínculos sin conflicto, bienestar sin preguntas. Pero todo lo que realmente vale tiene un costo. No siempre en dinero. A veces el precio es el dolor de revisar una historia. A veces es sostener una incomodidad sin huir. A veces es el cuerpo que grita lo que la palabra no pudo decir. Y mientras tanto, seguimos buscando lo gratuito, lo indoloro, lo simple. Como si el alma pudiera resolverse con delivery. Como si crecer no doliera. La pregunta no es si algo cuesta, sino qué estás dispuesto a pagar por lo que decís que querés. Porque si no pagás con conciencia, probablemente termines pagando con síntomas. ...

Día de la madre

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Hubo un tiempo en que las madres no podían decir que estaban cansadas. Tenían que ser fuertes, calladas, incansables. Aprendieron a amar desde el deber, a sostener sin pedir, a llorar en silencio para no preocupar a nadie. Y así fueron tejiendo generaciones enteras de hijas e hijos que las vieron resistir sin entender el precio. Madre fue muchas veces sinónimo de renuncia. De deseos postergados, de cuerpos cansados, de sueños guardados en cajones. Y aun así, en medio de tanta exigencia, algo de su ternura se filtró igual. En una mirada, en una comida improvisada, en ese modo de estar que no se borraba ni con la distancia. Las madres son las que siguieron, aunque nadie las cuidara. Las que amaron como pudieron, con las herramientas que tuvieron, con las heridas que cargaban. Las que aprendieron a callar para no romper lo poco que quedaba en pie. Este día no es solo para agradecer. Es para mirar hacia atrás y reconocer todo lo que se calló, lo que se sostuvo, lo que se perdió...

Día de la Hispanidad

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El Día de la Hispanidad es también un día de memoria. Un día para recordar a los pueblos originarios que fueron silenciados, arrasados, asesinados. A quienes les arrebataron no solo la vida, sino también su ciencia, sus ciclos sagrados, su modo de leer la tierra y el cielo. Ellos sabían escuchar a la naturaleza, leer en las estrellas el destino de las cosechas, interpretar el pulso de los ríos y de las montañas. Su sabiduría era profunda, tejida con paciencia y con respeto. Y fue esa sabiduría la que se intentó borrar a fuego y espada. Pero aunque quisieron exterminarlos, no pudieron apagar la memoria. Porque en cada lengua originaria que resiste, en cada rito que se celebra, en cada mujer y hombre que guarda los saberes de sus ancestros, late todavía el corazón de esa América profunda. Hoy, más que una celebración, el recuerdo es un grito de justicia. Es el reclamo de los que no tuvieron voz, es la presencia de los que dejaron huella con su sangre, es la fuerza de una here...