Hay mujeres que sobreviven en silencio
No porque no vean lo que les pasa. No porque no duela. No porque no quieran salir. Sino porque salir implica a veces quedarse sin nada. Sin casa. Sin hijos. Sin trabajo. Sin respaldo. Porque el afuera muchas veces no es más amable que el adentro. Porque la violencia no siempre es un golpe: a veces es una mirada que humilla, un control constante, una palabra que destruye la autoestima todos los días. Porque hay violencias que no se ven, pero pesan igual. Y no, no es tan simple como decir “¿por qué no se va?”. Salir de una situación así no es un acto de voluntad, es un proceso. A veces lento. A veces lleno de culpas y contradicciones. Muchas mujeres están vivas, pero ya no sienten que tienen vida. Hablar de violencia no es sólo hablar de lo que pasa en una casa. Es hablar de una cultura que aún permite que eso pase. De instituciones que revictimizan. De entornos que prefieren no meterse. De una educación que aún no enseña a amar sin poseer. Y también es hablar de redes. Porque una mujer ...